A pesar de recibir atención médica inmediata, el agredido murió a los pocos días.

Después de varias semanas de investigación, los agentes constataron que no se dejaba ver en la vía pública bajo ningún concepto, lo que hizo sospechar que el prófugo permanecía recluido en la vivienda de un familiar en Illescas (Toledo), donde recibía de forma habitual compras de alimentos y suministros así como visitas constantes de familiares y amigos.